Sentipensar con la tierra. Nuevas lecturas sobre desarrollo, territorio y diferencia.

Este libro da seguimiento a las propuestas y proyectos que van cobrando cuerpo bajo lo que el autor junto con un grupo de colaboradores, entre quienes se encuentran Mario Blaser, antropólogo argentino, y Marisol de la Cadena, antropóloga peruana, denominan perspectiva pluriversal u ontología política.

El planteamiento de este innovador enfoque se desprende de los trabajos previos acerca de la ecología política de la diferencia, que Arturo Escobar ha venido desarrollando sostenidamente mediante su interlocución y participación en los Procesos de las Comunidades Negras (PCN) del Pacífico colombiano. Colectividades en resistencia que, junto con una amplia gama de movimientos y comunidades en defensa de sus territorios, formas de vida, culturas y vivas memorias ancestrales¹, vienen formulando innovadores cuestionamientos y posturas de cara a hegemónicos discursos y prácticas en torno al desarrollo, la naturaleza, la vida, la sustentabilidad, el poder, la identidad nacional, el Estado y la diversidad cultural.

La alusión al senti-pensamiento se inspira en el concepto difundido por Orlando Fals Borda, quien en aprendizaje de las concepciones ribereñas de la Costa Atlántica, apela a la práctica de pensar desde el corazón y desde la mente, o co-razonar como lo enuncian las comunidades que conforman los caracoles zapatistas, parafraseando a Escobar:

[…] es la forma en que las comunidades territorializadas han aprendido el arte de vivir, es un llamado, pues, a que la lectora o el lector sentipiense con los territorios, culturas y conocimientos de sus pueblos —con sus ontologías—, más que con los conocimientos des-contextualizados que subyacen a las nociones de “desarrollo”, “crecimiento” y, hasta, “economía” (2014, p. 16).

Las premisas y posicionamientos fundamentales de esta propuesta parten del ineludible énfasis, generalmente desapercibo o naturalizado, respecto a la diferencia ontológica radical que, al parecer de estos investigadores en acción, atraviesa buena parte de los conflictos ambientales, sociales, así como el crítico estado de nuestros mundos socio-naturales a escala mundial. Por ello se preguntan en qué medida los numerosos conflictos socio-ecológicos constituyen en realidad o más profundamente conflictos ontológicos² y luchas por las condiciones para la re-existencia o r-esistencia, como las llaman Enrique Leff y Porto Gonçalves. Por otro lado se cuestionan, a su vez, cómo mantener las indispensables condiciones materiales y socio-naturales de reproducción de la vida humana y no humana frente al esfuerzo del “capitalismo verde”, de recolonizar y subsumir territorialidades, junto con las dinámicas comunitarias que los constituyen, y que por tanto se convierten en estorbos para las nuevas líneas de despojo o reterritorialización en el escenario actual <<Consenso de Commodities>> (Svampa), como son el neoextractivismo, la reprimarización de las economías del sur y su transformación en enclaves económicos, la implantación de megaproyectos de infraestructura, energías “renovables”, la reforzada penetración del sistema mundial de protección intelectual, entre otros. Líneas de acción insertas en la lógica especulativa del capital trasnacional financiero e industrial en complicidad con un vasto aparato institucional nacido del Bretton Woods (BM, FMI), así como con total respaldo del sistema de la ONU, de agencias nacionales y locales de planificación, de diversos estados y de la asidua intervención de la asistencia privada para el desarrollo (Romano, Delgado, 2013).

Para diversas comunidades en resistencia, activistas e investigadores, lo que está en juego es la supervivencia de la vida misma en el planeta y los territorios pero contextualizados en su mutidimensionalidad material, epistémica, cultural y ontológica, es decir, entendidos como espacios colectivos de vida donde se garantiza la supervivencia étnica, histórica y cultural gracias a las prácticas comunitarias y regionales de apropiación efectiva y pluriversal del mundo natural. Por lo anterior es importante pensar y trazar estrategias de defensa y resistencia en múltiples registros y escalas, donde la autonomía sea práctica y horizonte central, donde ésta se instaure en tanto clave de diversas prácticas de política ontológica que robustezcan la capacidad y derecho que toda comunidad, en su amplia diversidad y heterogeneidad, tiene de definirse a sí misma, de fijar sus normas de existencia, convivencia y desarrollo.

Partiendo de la propuesta de estos investigadores en acción, resulta clara la necesidad de crear espacios para la reflexión colectiva y el debate sobre la creación de léxicos y de narrativas, así como la promoción de estrategias y diseños como praxis crítica para las transiciones hacia modelos de desarrollo menos destructivos y mucho más colectivos que con el tiempo, puedan convertirse en una red trasnacional descentralizada de iniciativas relacionales que desde la efectividad trasciendan los límites académicos para poner en marcha los urgentes proyectos de construcción alternativa con los que ponderemos seriamente la interdependencia vital que se abre desde ontologías relacionales³ y horizontes pluriversales, así como los límites ecológicos que la biosfera impone para toda forma de desarrollo, conocimiento y vida humana y no-humana, tal como este grupo de colaboradores pretende resaltar al explorar la hipótesis de transición y de diseño en dos estudios regionales en Colombia.

Los espacios de intercambio pluriversal pretenden invertir la lógica establecida en las jerarquías del conocimiento llevando a plantear que las enactuadas propuestas de muchos movimientos sociales sobre cuestiones de tierra y territorio están a la vanguardia del pensamiento y la acción en el marco de las múltiples crisis interrelacionadas que habitamos (climática, alimentaria, ecológica, social, financiera).

En este sentido, se retoma la conceptualización de Mario Blaser en torno a la ontología y la ontología política quien, a diferencia de la tradicional concepción filosófica en tanto estudio de la naturaleza del ser o de lo real, propone que la ontología consta de tres niveles que refieren: a las premisas que diversos grupos sociales mantienen sobre las entidades que realmente existen en el mundo; a la enacción o prácticas con que crean mundos y a la manifestación de historias o narrativas en torno a determinada concepción del  mundo ontológicamente específica. Mediante la definición de ontología política Blaser pretende dar cuenta de los procesos, que conllevan negociaciones en campos de poder o dinámicas intra-mundos, mediante los cuales se crean entidades que constituyen un mundo particular. Por consiguiente, desde este marco categorial se entendería a la práctica política ontológica (ontological politics) como aquellas formas particulares de ver y hacer política con base en alguna ontología o visión del mundo que pretende iluminar los procesos por medio de los cuáles se crean unas “realidades” y no otras. De esta manera, se logra redimensionar las incuestionadas premisas ontológicas de corte racionalista y dualista que sostienen al Mundo Moderno acerca de lo que constituye lo real y que a su vez implica la supuesta existencia de Una Realidad Objetiva y Universal creando la posibilidad de explorar desde la ontología política todo un nuevo campo de estudio con el que evitamos ser capturados en la trampa epistémica de la universalista visión dominante de la modernidad.

De cara a tales dinámicas y cuestionamientos pluriversales resultan clave las preguntas para una práctica política ontológica acerca de cómo se ha vuelto poderoso lo que, retomando la reflexiones de Law, se denomina Mundo Uno (MU), cómo funciona hoy, cómo se hace y cómo podría deshacerse, o si puede rearticularse en función de una pluralidad de mundos y de ser así cómo diseñar encuentros a través de la diferencia ontológica, encuentros entre mundos (Law). Con estos cuestionamientos atravesados por la seria ponderación de las diversas culturas en tanto diferencias ontológicas radicales, se propiciará el sacudimiento de las naturalizaciones socio-políticas, ecológicas, epistémicas y ontológicas que se imponen como regla si de propuestas, proyectos o visiones de desarrollo se trata, ya que cuestionan los discursos y prácticas de desarrollo que, desde Truman con la nueva doctrina de “trato justo” para “áreas subdesarrolladas” y bajo las premisas de los efectos benéficos del capital, ciencia y tecnología así como a través de la imposición de un virulento reduccionismo del mercado (que comprende ajuste estructural, privatizaciones, liberalización de los mercados, desmantelamiento de políticas sociales), perpetúan la desigualdad estructural caracteristica no sólo de las condiciones económicas, sociales y políticas imperantes, sino de la distribución de las deudas ecológicas que los países centrales han impuesto en todo el mundo.

Respecto a la problematización y crítica de las ideas que conforman los discursos sobre el desarrollo Escobar destaca algunas fases como son las teorías liberales de los años 50-60 claves para reproducir las características de las “sociedades avanzadas” de la mano de la teoría del crecimiento económico; las teorías marxistas de los años 60-70 con la teoría de la dependencia desarrollada por la escuela cepalina a la cabeza; así como las teorías posestructuralistas de los años 90 con las críticas de deconstrucción discursiva, atadas por tanto a una dimensión epistémica, de cuyas producciones surge la noción de postdesarrollo como concepto y práctica social postulando paralelamente la necesidad de descentrar el desarrollo, buscar alternativas de desarrollo, apelando a la transformación de la configuración de redes de poder-saber y generando una crítica de los valores de crecimiento, progreso y modernización. Hacia el año 2000 van operando cambios importantes en torno al desarrollo debido a factores contextuales entre los que se encuentra la convergencia científica en torno a los hallazgos del Panel Intergubernamental de Expertos del Cambio Climático (IPCC), el final del consenso de Washington o la crisis financiera y alimentaria del 2007, pero también debido a dos profundas e importantes trasformaciones en las condiciones de producción de conocimiento siendo éstas el expandido rango de productores y el  dar cuenta de los limitados alcances y preguntas de la “teoría social”.

En este contexto, América Latina se convierte en el epicentro de perspectivas críticas y contrahegemónicas a través del planteamiento de innovadoras propuestas como la teología de la liberación (Boff), la investigación acción participativa (Fals Borda), la educación popular (Freire), pero desde la perspectiva de la genealogía del pensamiento crítico y la sociología del conocimiento donde Arturo Escobar plantearía cinco tendencias que considera como las novedosas en los estudios críticos del desarrollo en AL:

1) La perspectiva de modernidad, colonialidad y descolonialidad (MCD) que, dando énfasis a la descolonización epistémica, construye un marco conceptual consistente con términos como la colonialidad de poder, del saber y del ser, el  sistema-mundo moderno/colonial, la caracterización novedosa de la historia larga del continente y el énfasis del eurocentrismo como forma de conocimiento fundante aunque es una perspectiva que adolece de relaciones directas con luchas o problemáticas concretas.

2) El imaginario teórico político de las alternativas al “desarrollo”, que asumen como crucial punto de partida el Buen Vivir (BV) y los Derechos de la Naturaleza (DN) debido a que son seriamente ponderadas como plataformas políticas para la construcción de alternativas al desarrollo por ello señalan la urgencia de crear Estados en términos de plurinacionalidad o sociedades regidas por dinámicas auténticamente interculturales, se trata de una tendencia de carácter multicultural y multiepistémico con la que se propone un cuestionamiento radical al núcleo duro de ideas asociadas al desarrollo (crecimiento, progreso, reformas de mercado, extractivismo, incremento desmedido del consumo) transformándolas para la realización del buen vivir, apelando a alternativas en un sentido profundo fundado en el terreno de la cultura, los imaginarios y las ideas que vayan más allá del monocultural conocimiento occidental al encontrar “soporte para sus tesis principales en las racionalidades, propuestas y luchas de grupos y movimientos indígenas, imprimiendo énfasis en la necesaria conexión entre discusión teórica y práctica social para superar practicas epistemológicas de academicismo y vanguardismo”.

3) La propuesta teórico-práctica de transformación económica y social así como de carácter necesariamente anticapitalista desde las transiciones al postextractivismo (TsP) que afirman la multiplicidad de concepciones de la naturaleza, economía y tiempo al estar fundadas en diferentes cosmovisiones y sostenidas por diversas prácticas socio-culturales y ecológico-políticas, respecto a los Discursos de transición (DsT) Escobar subraya una clara diferenciación entre las producciones y propuestas del Norte como las Iniciativas de Transición (IT): el gran giro, la gran iniciativa para la transición del instituto Tellus, el antropoceno, las discusiones sobre las tendencias hacia el futuro (forecasting) o la construcción de escenarios futuros (futuring) y los Dst del Sur que desde versiones descolonizadoras diferencian entre un extractivismo depredador y  aquellos sensatos e indispensables enfatizando la necesidad de generar transiciones al postextractivismo basadas en prácticas de interexistir y desligadas de referentes antropocéntricos y racionalistas.

4) La crisis del modelo civilizatorio, tendencia ligada a los procesos de resistencia de los pueblos originario-campesinos, indígenas y afrodescendientes del sur global, a la construcción de redes agroecológicas, a las luchas de los movimientos de base que configuran una “ofensiva política de los pueblos con un nuevo proyecto de civilización” (Mamani, 2005 y 2006) para la  construcción de alternativas necesariamente anti-capitalistas, cuya prioridad es afirmar la vida en todas sus dimensiones y sostener prácticas atadas a una viva memoria ancestral que sienta las bases para un modelo civilizatorio alternativa.

5) Y finalmente la postura teórica articulada a la relacionalidad y lo comunal, donde la comunidad es teorizada como una entidad profundamente histórica, heterogénea y atravesada por el poder por tanto cobra materialidad desde procesos político-ontológicos en marcha, por ejemplo lo constatamos con el desarrollo del concepto de lo comunal en las insurrecciones en el Alto 2000-2005 de la experiencia boliviana, éstas prácricas se basan en un política relacional que “atiende múltiples voces y dinámicas que surgen del entramado de lo humano y lo no-humano sin reducirlas a las reglas de lo humano” y se centra en el entretejimiento de luchas  autoorganizadas y abocadas a  la construcción de formas de poder no estatales de carácter desarticulador, es decir, cuya función es subvertir las formas de poder instituidas y naturalizadas, formas que estén fuera, contra y más allá del orden social impuesto por la producción capitalista y el Estado Neoliberal (Gutiérrez), formas de democracia radical, propias, autónomas practicadas consuetudinariamente a contrapelo de las instituciones dominantes (Esteva). Ontologías relacionales para las que el poder no es el objetivo ni se considera en manos de algún individuo sino que se habita como sustento de la colectividad lo que permite dar paso a formas comunales de economía (como la economía solidaria) y autogobierno, así como mecanismos de pluralismo cultural para construir genuinos espacios de interculturalidad.

Amplificando las aportaciones que se exploran mediante esta breve genealogía del pensamiento, el campo de las transiciones pretende generar sinergias en tres dimensiones superpuestas: estudios pluriversales (EPV), activismos de transiciones y diseño y comunicación. Con ello se promoverá el surgimiento de proyectos basados en diferentes compromisos ontológicos y formas de mundificar (worlding) mediante diferentes narrativas de transición y formas de activismo para las transiciones, lo que sería un campo crucial para “los diseños ontológicos pluriversales que propicien las condiciones tecnológicas, sociales y ecológicas en las que múltiples mundos y conocimientos puedan florecer de forma mutuamente enriquecedora”.

De esta manera la ontología política posibilita la afirmación de la cultura como diferencia ontológica radical desde la activación política de la relacionalidad como espacio para pensar los complejos y efectivos procesos de disputa entre mundos , así como plataforma para pensar-actuar diferente en el campo de la cultura y desarrollo al fundarse en un lógica de comunidad y solidaridad pluriversal, en civilizaciones y cosmovisiones diferentes, en espacios interepistémicos e interculturales que parten de la premisa de que hay muchas configuraciones del saber más allá del conocimiento científico-académico; por ello es prioritario fortalecer nuevas condiciones de conversación entre academias críticas, movimientos sociales, intelectuales, artistas independientes y activistas. En los ámbitos que se pretende activar se presentan como necesarios tanto los análisis epistémicos y ontológicos como la creación de puentes entre los DsT del Norte y del Sur con los que se fomenten debates sobre los mundos y conocimientos de otro modo para generar intercambios que enriquezcan propuestas, léxicos y diseños. En la coyuntura actual marcada por la lucha de dos grandes tendencias: la globalización como universalización y profundización del sistema dominante y la globalidad como la creación de condiciones para el fortalecimiento y recreación del pluriverso, el diseño puede constituir una innovadora praxis critica pero debe descentrarse de las tradiciones racionalistas, dualistas, capitalistas y modernistas que imperan para reorientarse hacia la creación de otras formas de saber y hacer, trazando diferentes diseños ontológicos al cuestionar la insostenibilidad que se ha afianzado como natural en el sistema-mundo moderno/colonial, convirtiendo así las ideas de relacionalidad y pluriverso en fuerzas transformadoras. Para ello, necesitamos ir más allá de los límites institucionales y epistémicos existentes dominados por las narrativas, diseños y prácticas del Mundo Uno (MU) que, basado en la experiencia histórica euroamericana, ha venido ocupando geografías y erradicando culturas u ontologías relacionales mediante una mono-ontológica de colonialismo, desarrollo y globalización. El crucial momento que habitamos en esta era de crisis interrealacionadas nos señala la urgencia de afirmar las prácticas de interexistencia que trasciendan los naturalizados binomios modernos hacia discusiones y construcción de prácticas acerca del pluriverso, crítica al desarrollo, postdesarrollo, transiciones al posextractivismo, interculturalidad, territorio, soberanía alimentaria, justicia ambiental, paz, autonomía y libertad.

 

Referencias

Escobar, A. (2014). Sentipensar con la tierra. Nuevas lecturas sobre desarrollo, territorio y diferencia. Medellín: Ediciones UNAULA, 184 p., (colección Pensamiento vivo).

Romano, S., Delgado Ramos G. C. (2013). Medio ambiente, fundaciones privadas y asistencia para el desarrollo en América Latina. México: CEIICH-UNAM.

¹ Algunos ejemplos que retoma en éste libro son las luchas en la región del río Yurumanguí, en Buenaventura del Pacífico Sur colombiano que después de haber obtenido un título colectivo complejos procesos han transformado el territorio en un escenario de guerra ante ello las comunidades se han percatado y enfocado que deben trazarse estrategias para fortalecer el control sobre el territorio que sostengan y promocionen sus formas de vida, saberes y prácticas tradicionales; como luchar por su soberanía alimentaria,  y fortalecer sus organizaciones étnico territoriales. Otro ejemplo es el de los pueblos de Curvaradó y Jiguamiandó en la región del Bajo Atrato del Chocó donde las transnacionales agroindustriales se han aliado con militares y paramilitares con el objetivo de violentar estas geografías para apropiarse de los territorios empleando de pretexto el combate a la guerrilla y traer “Desarrollo” pero las comunidades del Chocó y el Urabá siguen tratando de construir proyectos alternativos del uso y manejo de los recursos naturales porque saben que es la única forma de resistencia efectiva para luchar por sus territorios. Y por último la comunidad de La Toma en la región norteña del Cauca también resiste la penetración de la minería de oro a gran escala apelando a la ancestralidad de propiedad colectiva. O las luchas del PCN cuya base estratégica se ha convertido en la producción de un pensamiento propio desde la autonomía sosteniendo como principios y propuestas de conservación y desarrollo la lucha por sus derechos económicos, sociales y culturales, la memoria y reparación colectiva, la lucha contra el racismo y la discriminación así como la legítima demanda de consulta previa.  La vena que une todas estas luchas es la defensa de la vida sostenida por una práctica política-ontológica con la que resisten la estrechez del dualismo ontológico característico del mundo moderno, secular y liberal que sostiene al sistema capitalista arrogándose el derecho de ser “El Mundo”.

² Retomando las reflexiones de Escobar cuando observamos la férrea resistencia a proyectos mineros apelando a la sensibilidad de un cerro, no puede ser aceptada como una simple demanda cultural en términos de “creencia” debido a que lo que cuenta en última instancia es la “realidad objetiva” que sólo nos da la ciencia. Al asumir los conflictos intra-mundos en estos términos se pasa por alto la naturaleza ontológica del conflicto en cuestión y por tanto también se es cómplice de este estado de cosas por lo anterior se resalta la importancia de la crítica epistémica, política y ética de la propuesta de ontología política.

³ Aquellas en las cuales los mundos biofísicos, humanos y supernaturales establecen vínculos de continuidad y no son concebidos como entidades separadas, es decir, todo vive en el pluriverso, tal aseveración no puede ser lógicamente demostrada más bien deriva de una posición ético-política que parte y se construye desde la enacción, desde la experiencia colectiva, vivida en sus implicaciones prácticas y políticas. Al respecto destacan varios aspectos clave: el territorio como condición de posibilidad,  las diversas lógicas comunales, y los espacios-tiempos de interrelación con el mundo natural que genera escenarios de sinergia y complementariedad tanto para el mundo humano como para la reproducción de otros mundos que lo circundan y los constituyen a su vez.

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